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Actualidad económica y bursátil
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Plast. Val Loire
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- Euronext Growth
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- Euronext Growth
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Monni
- 26/06/2026
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OPT
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Alia Mentis
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- Sector: Industria
Questerre en Pref
- 30/06/2026
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Ecotel Communication Ag
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- 10/06/2026
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- Sector: Petróleo y Gas
Talon Resources PLC
- 23/06/2026
- AIM
- Sector: Minería
COMENTARIO MENSUAL
Análisis de la Situación Macroeconómica & del Mercado Bursátil
Prof. Juan E. Iranzo
Director de Inteligencia Económica
Amplia experiencia docente e Investigadora en el ámbito de la economía mundial y española, ocupando cargos de responsabilidad en diversas instituciones y en Consejos de Administración de numerosas empresas. Catedrático en Economía Aplicada.
El precio del dinero es una información muy valiosa para la economía, pero a veces indica incluso algo más, pudiendo anticipar la caída de civilizaciones que han dominado el mundo durante décadas o incluso siglos. Esta vez, aunque aún es pronto para sacar conclusiones, los tipos de interés podrían estar anticipando uno de esos momentos que quedarán grabados en la historia.
La historia muestra que los tipos de interés suelen dibujar una especie de U. Un patrón que tiene cierta lógica. Al comienzo, cualquier civilización es inestable, débil y vulnerable. Esto lleva a que los tipos de interés sean altos ante la incertidumbre dominante. Cuando esa civilización, en caso de que prospere se expande y alcanza cierta relevancia a nivel económico y geopolítico, los tipos de interés tienden a caer el suelo de la U en medio de la certidumbre y seguridad que genera ese poder. Prestar dinero no es tan arriesgado; en su plenitud, los tipos tocan suelo coincidiendo con la madurez cultural de esa sociedad y ya solo tienen un camino que no es otro que subir y que suele coincidir con el deterioro del poder económico y geopolítico de esa civilización.
Según Böhm-Bawerk, que fue ministro de Finanzas del Imperio Austrohúngaro, el nivel cultural de una nación queda reflejado en sus tipos de interés. Cuanto más elevado es el nivel cultural más extendida está la filosofía del ahorro, mientras que el consumo y la inversión se ejercen con cautela y juicio. Si el ahorro es elevado, normalmente los tipos de interés tienden a ser más bajos.
Normalmente, una sociedad alcanza su madurez cultural en las generaciones que se encuentran temporalmente cerca del punto álgido de desarrollo de la economía, que suele coincidir con el punto en el que esa economía puede invertir más en educación. Después de alcanzar esa zona, que coincide con los bajos tipos de interés, podría dar comienzo el declive de esta sociedad madura
El historiador financiero Edward Chacellor explica cómo han evolucionado los tipos de interés a lo largo de la historia según el nivel de desarrollo de cada civilización. Lo expone en su famoso libro The Price of Time The Real Story of Interest: «En el mundo antiguo, los tipos de interés marcaron la trayectoria de las grandes civilizaciones. En Babilonia, Grecia y Roma, los tipos siguieron una curva en forma de U a lo largo de los siglos: descendían a medida que cada civilización se consolidaba y prosperaba, y se disparaban durante los periodos de decadencia y caída», explica este experto.
Aunque es prematuro, la civilización occidental o la economía global tal y como la conocemos hoy podría estar llegando a un punto de inflexión o lo que sería el principio del fin del orden establecido.
Chancellor señalaba en su obra, precisamente, que «los tipos de interés muy bajos parecían” ser la calma antes de la tormenta».
Extrapolando esto a la actualidad, quizá podría verse el periodo previo al covid y la propia pandemia como ese fondo o suelo de los tipos de interés en el que el precio del dinero muestra calma antes de la tormenta que podría haberse iniciado en los últimos años. Es cierto que uno tiende a exagerar los sucesos de su era, pero desde el covid las turbulencias no han parado de aumentar (pandemia, guerras, inflación, estancamiento de la productividad, ahora la IA…).
Desde entonces, los tipos de interés también han comenzado a subir como si del principio del fin del dominio de una civilización o de un orden mundial se tratara, atendiendo a esta teoría y lo que ha sucedido en el pasado.
La burbuja de las punto.com o las inmobiliarias que llegaron después podrían ser también parte de la evidencia de que nos encontramos en la etapa final del dominio de Occidente. Alguno podría pensar la inteligencia artificial (IA) es la prueba final, pero lo cierto es que, hasta ahora, parte de las valoraciones de las empresas relacionadas con la IA están respaldadas por los beneficios presentes y los beneficios esperados. Cuando se analizan las valoraciones con el indicador PER forward se puede ver que estas empresas están algo caras, pero no en niveles de burbuja (por ahora), por lo que habrá que esperar para extraer una conclusión definitiva.
De este modo, Chancellor incluye en su obra la extraordinaria aparición de tipos negativos en Europa y Japón, y pone de relieve cómo esto ha contribuido a generar una profunda inseguridad económica y una gran fragilidad financiera, lo que podría estar llevando a que estas regiones hayan comenzado su declive dentro de la economía global. Otros países como China o la India han superado o están cerca de hacerlo a estos bloques como potencias económicas y de mayor influencia global, lo que podría estar engendrando un cambio del orden mundial que se cuece a fuego lento.
Explica también que unos tipos de interés extremadamente bajos no solo crean inflación en el precio de los activos, como lleva años sucediendo en EEUU, Europa, sino que también son en gran medida responsables del débil crecimiento económico, el aumento de la desigualdad, la proliferación de empresas zombis, los elevados niveles de deuda y la crisis de las pensiones que han golpeado a Occidente en los últimos años, unas condiciones bajo las cuales las economías difícilmente pueden prosperar.
No obstante, este autor tampoco se arriesga a hablar de un cambio de orden global ni de situar a China o la India como posibles candidatos a suceder a la civilización occidental, simplemente cree que los paralelismo y parecidos con otros momentos de la historia son cuando menos inquietantes y deben ser estudiados con cautela. Quizá el cambio se podría producir a nivel global, un cambio de paradigma económico o algún tipo de disrupción que modifique los códigos que mueven hoy el mundo. Chancellor muestra que solo comprendiendo el papel de los tipos de interés podremos afrontar los desafíos que están por venir.
También es necesario destacar que la subida actual de los tipos de interés tiene un componente energético , pero también es en gran parte debido a factores más estructurales como unos niveles de déficit público y deuda pública históricamente elevados, junto a un envejecimiento de la sociedad que podría generar un ‘déficit’ constante de ahorro.
Ni los mercados financieros ni las autoridades están preparados para un aumento significativo de la inflación y los salarios, o un aumento de los tipos de interés nominales».
Sea o no el declive de la civilización occidental, lo que sí parece evidente es que algo está cambiando y la inteligencia artificial será o un contrapeso o un acelerador de un cambio cuyo final se desconoce.
A corto plazo, el anuncio del fin de la guerra de Irán ha des tensionado el mercado de deuda que es el que mas ha sufrido durante la contienda, situándose el Bono de EEUU a 30 años, por debajo de la línea psicológica del 5%.
Durante el conflicto la Bolsas mundiales han aguantado con firmeza y con la finalización de la guerra se han producido importantes subidas, alcanzando en algunos casos récord históricos, como es el caso del Ibex35 que ha alcanzado la cifra récord de los 19.575. puntos, el pasado 22 de junio, espoleado por los resultados empresariales.
Sin embargo, las dudas en EEUU respecto al precio en bolsa de las principales empresas tecnológicas, “miedo a una burbuja”, ha provocado ajustes a la baja en las principales Bolsas mundiales, incluido el Ibex35; aunque cierra el mes alrededor de loa 19.500 puntos, por la reducción del precio del petróleo.
En los últimos meses, los flujos de crudo procedentes del Golfo han caído desde 20 millones de barriles al día a tan solo 8 millones de barriles día, como resultado del desplome de los flujos por Ormuz, solo parcialmente compensado mediante la redirección de flujos hacia rutas alternativas, entre las que destaca el puerto de Yanbu, en el Mar Rojo. En este contexto, la producción mundial de petróleo ha caído desde unos 106-108 millones de barriles diarios a unos 95 millones de barriles día, lo que indica que la caída de la producción en los países del Golfo solo ha sido compensada en parte por un aumento de la producción en otros lugares.
Sin embargo, el consumo global se ha mantenido relativamente estable, en torno a los 103 millones de barriles día, lo que pone de manifiesto una reducción de la demanda todavía limitada, concentrada sobre todo en algunos países asiáticos y en algunos productos refinados.
Por tanto, el mercado mundial de petróleo ha pasado de un excedente de oferta de petróleo (crudo y productos refinados) cercano a los 2,0 millones de barriles día, a un déficit superior a los 8 millones de barriles día
La clave para amortiguar este déficit ha sido la utilización de los inventarios. Estos se pueden dividirse en diferentes tipos. El primero primera es el petróleo almacenado en buques, La pendiente negativa implica que los contratos para entrega a más corto plazo cotiza a precios sustancialmente más elevados que a medio plazo.
Las reservas estratégicas gestionadas por los gobiernos con el objetivo de reforzar la seguridad energética y hacer frente a situaciones excepcionales, como interrupciones graves del suministro, conflictos geopolíticos o desastres naturales. A diferencia de los inventarios comerciales, estas reservas no se utilizan para fines operativos habituales, sino que se liberan de forma deliberada para estabilizar el mercado y mitigar el impacto de shocks de oferta. Por ello, constituyen una herramienta clave de política energética, con capacidad para influir temporalmente en la oferta global y en la evolución de los precios del petróleo. Por último, están los «mínimos operativos», necesarios para mantener el funcionamiento físico del mercado. Como último «colchón» del mercado de petróleo, se sitúan los escenarios de reducción de la de demanda, donde el sistema de precios se convierte en el principal mecanismo de equilibrio, moderando el consumo para evitar que las existencias caigan hasta niveles críticos.
Los inventarios comerciales de petróleo de los países de la OCDE siguen dentro de su rango histórico. A finales de abril, se situaban justo por debajo de los 2.700 millones de barriles, frente a un promedio cercano a los 2.900 millones en la última década. Pero su rápida reducción,–150 millones de barriles entre marzo y abril implica que, al ritmo actual, las existencias comerciales podrían acercarse a niveles críticamente reducidos en el 3T. Incluso bajo el supuesto de una rápida reanudación de la producción mundial de petróleo desde junio,como consecuencia del fin de la guerra y la apertura del Estrecho de Ormuz, solo se retomaría su nivel previo al conflicto a finales del 4T 2026, las existencias comerciales de la OCDE podrían tocar mínimos en julio y llegar a los 2.400 millones de barriles en el 3T, volviendo a normalizarse lentamente a partir de ahí. Esta disminución del nivel de inventarios comerciales implica una mayor probabilidad de repuntes no lineales de los precios en los próximos meses. Además, aquellos países (y productos) más dependientes de los suministros energéticos procedentes de los países del Golfo.
En este escenario, los inventarios globales lograrían mantenerse como principal mecanismo de absorción del actual shock de oferta y el precio del Brent converge, de momento, hacia un equilibrio cercano a los 70/75 dólares por barril, ha cerrado junio alrededor de los 72 dolares el barril. Aun así, es importante recordar que las cotizaciones de los contratos futuros no constituyen una bola de cristal. Más que reflejar un poder predictivo, ofrecen la posibilidad de asegurar entregas de una determinada cantidad de un bien escaso en el futuro, a un determinado precio, sobre la base de la información disponible actualmente.
Tras mas de tres meses de guerra en Oriente Próximo, y a pesar de su finalización, los efectos del shock de oferta provocado por la subida de los precios de la energía se irán manifestando progresivamente en los datos de inflación y crecimiento; una coyuntura que requiere la máxima flexibilidad, tanto en las estrategias de inversión como en las respuestas de política económica.
Actualmente de los canales de transmisión del shock de oferta, el energético es el que se ha activado con mayor intensidad, como muestra la subida generalizada de la inflación, que ya está reduciendo la capacidad de compra de las familias. Ello, unido al moderado endurecimiento de las condiciones financieras, muy inferior al que se produjo tras la guerra en Ucrania, enfriará el consumo privado en los meses centrales del año y reducirá los potenciales desequilibrios macroeconómicos que pueda provocar la brecha que se ha abierto entre la oferta y la demanda.
En ausencia de nuevas sorpresas negativas en los precios energéticos, el efecto neto sobre el crecimiento sería moderado y se concentraría en los trimestres centrales del año, teniendo en cuenta puntos de apoyo para la actividad como la buena situación de los mercados laborales, las elevadas tasas de ahorro de las familias, los reducidos niveles de endeudamiento de los agentes privados y la capacidad de la política fiscal de compensar parte de los efectos negativos del shock de oferta. Todo ello, sin embargo, va a depender de una clara y definitiva reapertura del estrecho de Ormuz, pues el desajuste entre la oferta y la demanda en los mercados energéticos se está cubriendo con una reducción diaria de las existencias que, de prolongarse la crisis, puede desembocar en problemas para la entrega física en los meses de verano en algunos segmentos del mercado.
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