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COMENTARIO MENSUAL

Análisis de la Situación Macroeconómica & del Mercado Bursátil

Prof. Juan E. Iranzo

Director de Inteligencia Económica

Amplia experiencia docente e Investigadora en el ámbito de la economía mundial y española, ocupando cargos de responsabilidad en diversas instituciones y en Consejos de Administración de numerosas empresas. Catedrático en Economía Aplicada.

Estados Unidos gasta ya más en pagar los intereses de su deuda que en la defensa nacional, lo que esta tensionando sus tipos de interés, En efecto la rentabilidad del bono estadounidense a 30 años se situó en el 5,3% a principios de mes y la deuda viva ha sobrepasado el 125% del PIB, más del doble que en el año 2000.

Sin embargo, lo que determina si la deuda estadounidense es sostenible no es únicamente su volumen, sino la relación entre el tipo al que se financia el Tesoro y el ritmo al que crece la economía.

En este sentido, un país puede mantener un nivel de deuda elevado y seguir siendo solvente si su economía crece por encima de su coste de financiación. Y puede tener una deuda mucho menor y, sin embargo, enfrentarse a una dinámica insostenible si los intereses crecen de forma persistente por encima de su capacidad para generar ingreso.

La cuestión, por tanto, no es sólo cuánto debe Estados Unidos, sino si las variables que han permitido financiar esa deuda durante las últimas décadas siguen funcionando.

En este debate sobre la sostenibilidad de la deuda estadounidense, desde el año 2000 el endeudamiento público bruto de Estados Unidos se ha más que duplicado en porcentaje del PIB, hasta alcanzar el 122% en el primer trimestre de 2026. Mientras tanto, el déficit primario se sitúa, en su última medición, en el 2,6% del PIB.

Su evolución viene determinada, principalmente, por la interacción entre el saldo primario, déficit o superávit antes del pago de intereses, los tipos de interés de la deuda soberana y la tasa de crecimiento de la economía.

En términos sencillos, cuanto mayor sea la diferencia entre el tipo de interés de la deuda y el crecimiento económico, mayor será el esfuerzo fiscal necesario para estabilizar el endeudamiento.

En este sentido, el elevado nivel de deuda introduce un elemento adicional como es la sensibilidad de las cuentas públicas a cualquier aumento de los tipos.

Estados Unidos ha soportado en el pasado tipos de interés superiores a los actuales, pero nunca tuvo que afrontar ese coste de financiación con un stock de deuda de esta magnitud. Por ello, pequeños movimientos sostenidos en las rentabilidades pueden terminar teniendo un impacto considerable sobre el gasto público a medida que la deuda vence y debe refinanciarse.

Además, buena parte de la deuda estadounidense fue emitida cuando los tipos eran mucho más bajos, pero cada vencimiento obliga al Tesoro a sustituir esa financiación por nueva deuda a los precios que marque el mercado. Cuanto más tiempo permanezcan elevados los tipos, mayor será la presión sobre la factura de intereses. Especialmente tras la subida de tipos por parte de la FED este mes de un 0,25%, para situarlos entre el 3,75% y el 4%; superando la rentabilidad del Bono USA a 30 años el 5,22% 

Más que establecer un nivel concreto de deuda, lo mas relevante es observar cuánto espacio del presupuesto empieza a consumir su financiación.

Estados Unidos se ha beneficiado históricamente de la liquidez y profundidad de su mercado de deuda, del dólar como moneda de reserva global y del dinamismo de su economía. Esta combinación le ha permitido financiar déficits persistentes durante las últimas dos décadas. Pero ahora esta dinámica podría verse alterada si alguno de estos pilares comienza a deteriorarse.

El escenario que ambos analistas consideran especialmente peligroso es una combinación de crecimiento económico débil, déficits persistentemente elevados y tipos de interés altos durante un periodo prolongado. Un menor crecimiento dificulta aumentar los ingresos públicos y estabilizar la deuda respecto al PIB, mientras que unos tipos elevados encarecen progresivamente la refinanciación.

Aunque una inflación elevada, situada actualmente en el 3,4%, puede reducir el valor real de la deuda existente para el Gobierno, erosiona simultáneamente el valor real de los cupones y del principal que recibirán los tenedores de bonos. Por eso, el riesgo resulta especialmente relevante en los títulos de larga duración.

Hasta qué punto los inversores están dispuestos a seguir absorbiendo la creciente oferta de deuda estadounidense sin exigir una rentabilidad adicional.

De momento la confianza persiste con un dólar que continúa siendo la principal moneda de reserva y con el mercado de Treasuries que sigue siendo el mercado soberano más profundo y líquido del mundo, y que se ha apreciado significativamente este mes de septiembre.

Sin embargo, sí existe el riesgo de que el mercado empiece a exigir una prima mayor por mantener deuda a largo plazo si percibe que la trayectoria fiscal continúa deteriorándose. Lo verdaderamente relevante sería que los bonos a 10 y 30 años siguieran elevando más sus rentabilidades.

Existe un conflicto de intereses entre El Tesoro que necesita contener el coste de financiación mientras la Fed intenta mantener ancladas las expectativas de inflación, ambas políticas han entrado ya en una zona de tensión, por la reciente subida de La FED.

El Banco Central Europeo también ha subido este mes los tipos de interés en 25 puntos básicos hasta dejar la tasa de depósito, la de referencia actualmente en el 2,5%. Tras la pausa decretada en julio, el organismo retoma las alzas que emprendió en junio al calor de una inflación que se enciende por momentos a raíz del shock energético por el conflicto en Irán y de una actividad que se ha mostrado más resiliente de lo esperado en la región. Sin embargo, la incertidumbre aparejada a la guerra en Oriente Medio hace que haya muchas dudas sobre qué pasos dará el banco central después de septiembre de 2023 con un 3,3% interanual y un crecimiento del PIB del 0,3% trimestral en el segundo cuarto (0,6% incluyendo a Irlanda) han terminado de atar un alza en los tipos oficiales que algunos ven como el inicio de ‘algo más grande’ y otros como una mera subida de seguridad’ de un BCE que no quiere perder credibilidad.

Las dudas con lo que ocurra después de septiembre están más que justificadas. La inflación energética tiene visos de seguir percutiendo fuerte y el petróleo ya roza de nuevo los 100 dólares el barril en el Brent sin que se hayan producido ataques de relativa importancia entre EEUU en Irán. Sin embargo, la inflación subyacente no deja traslucir de momento un efecto contagio de los precios energéticos y las presiones salariales parecen contenidas. Al mismo tiempo, hay indicios en la actividad que se miran con lupa: los últimos datos han creado preocupación en torno a la recuperación de la primera economía de la zona euro, Alemania.

El BCE puede dar por concluido su ciclo de subidas de tipos en el 2,5%, creemos que tratará de preservar un valioso margen de actuación mediante la política monetaria convencional y es poco probable que revierta estas subidas el próximo año.

Cualquier subida adicional situaría el tipo de la facilidad de depósito por encima del límite superior de las estimaciones del BCE para el tipo neutral y probablemente requeriría un nuevo shock energético, evidencias de efectos de segunda ronda en los salarios o un desanclaje de las expectativas de inflación, ninguno de los cuales se observan actualmente en los datos, teniendo presente “el tipo teórico” en el que la política monetaria ni estimula ni frena la economía.

A lo largo del mes de septiembre las Bolsas han registrado fuertes volatilidades a la baja a pesar de los buenos resultados empresariales, lastradas por las dudas respecto a las nuevas inversiones en IA y al precio del petróleo que ha cotizado la mayoría del mes por encima de los 100$ el barril de Brent.

El IBEX 35 también ha mostrado una evolución volátil, aunque manteniéndose cerca de los 20.000 puntos durante los primeros días de mes, comenzó en 19.824 puntos y el índice alcanzó los 20.050,7 puntos el 4 de septiembre; posteriormente, sufrió varias sesiones negativas y descendió hasta 19.555,9 puntos el 15 de septiembre. Tras una ligera recuperación hasta volvió a retroceder hasta cerca de los 19.600 puntos al finalizar septiembre. En conjunto, este Indice está muy condicionado por la evolución del precio del petróleo, y por los tipos de interés; y sustentado fundamentalmente por los beneficios empresariales, especialmente bancarios.

La economía mundial afronta el bienio 2026-2027 en un entorno especialmente complejo, marcado por el conflicto en Oriente Medio, la volatilidad de los precios energéticos, las tensiones comerciales y un ciclo de inversión tecnológica vinculado a la inteligencia artificial, aunque se puede moderar en el cuarto trimestre del año. El FMI, en su actualización de World Economic Outlook de julio de 2026, prevé un crecimiento mundial del 3,0% en 2026, que se aceleraría hasta el 3,4% en 2027. Sin embargo, las diferencias entre las principales economías serán considerables. Estados Unidos mantendrá un crecimiento relativamente sólido, la Unión Económica y Monetaria (UEM) seguirá mostrando una expansión débil y China continuará desacelerándose estructuralmente.

Estados Unidos presenta las mejores perspectivas de crecimiento de las tres grandes áreas analizadas. El FMI estima un aumento del PIB real del 2,3% en 2026 y del 2,2% en 2027. La economía se beneficia de una productividad elevada, de la inversión empresarial relacionada con la tecnología y la inteligencia artificial aunque con dudas y de una política fiscal todavía expansiva. Además, Estados Unidos está relativamente protegido frente al shock energético por su condición de productor neto de energía.

El principal problema estadounidense se encuentra, por tanto, menos en el crecimiento que en las cuentas públicas. El déficit total de las Administraciones Públicas se situaría alrededor del 7,5% del PIB en 2026 y del 7,3% en 2027, según las proyecciones del FMI. Paralelamente, la deuda pública bruta pasaría del 123,9% del PIB en 2025 al 125,8% en 2026 y al 128,7% en 2027.

En materia de inflación, el escenario es menos favorable a corto plazo. El shock energético y los efectos de los aranceles mantienen presiones sobre los precios. El FMI prevé una inflación PCE del entorno del 2,8% en 2026, situada actualmente en el 3.4%, antes de aproximarse al 2% en 2027. La inflación subyacente también debería converger hacia el objetivo del 2% durante 2027.

La situación de la UEM es claramente más débil. El FMI ha reducido su previsión de crecimiento hasta el 0,9% en 2026, antes de una recuperación moderada hasta el 1,2% en 2027. La debilidad se explica por el impacto de los mayores costes energéticos, la incertidumbre geopolítica, la baja confianza empresarial y de los consumidores y un efecto arrastre negativo procedente del primer trimestre.

La inflación constituye uno de los principales obstáculos para la política económica europea. El FMI proyecta una inflación general del 2,9% en 2026, muy por encima del objetivo del BCE, para posteriormente moderarse hasta el 2,3% en 2027. El escenario contempla, por tanto, una inflación todavía superior al objetivo durante buena parte de 2027, mientras que la inflación subyacente tardaría más en normalizarse. La situación en España es especialmente preocupante, puesto que durante este mes de septiembre el IPC general se ha situado en el 4,9% y la inflación subyacente en el 3,1%.

Las cuentas públicas son sensiblemente más equilibradas que en Estados Unidos. El déficit agregado de la UEM se situaría aproximadamente en el 3,5% del PIB tanto en 2026 como en 2027, mientras que la deuda pública bruta aumentaría desde el 87,4% del PIB en 2025 hasta el 88,4% en 2026 y el 88,8% en 2027.

La combinación de crecimiento reducido, inflación relativamente elevada y mayores necesidades de gasto —especialmente en defensa e inversión— constituye uno de los principales retos para Europa. El margen fiscal seguirá siendo limitado, particularmente en los países con mayores niveles de endeudamiento.

China seguirá creciendo bastante más que Estados Unidos y la UEM, aunque continuará la tendencia de desaceleración. El FMI ha elevado su previsión de crecimiento al 4,6% en 2026 y 4,1% en 2027. La economía se beneficia de las exportaciones y de la inversión tecnológica, pero afronta importantes obstáculos derivados de la debilidad del consumo interno, el ajuste inmobiliario, el envejecimiento de la población y una productividad menos dinámica.

En contraste con Estados Unidos y Europa, China presenta unas presiones inflacionistas mas reducidas. La inflación media podría situarse alrededor del 1,2% en 2026 y del 1,5% en 2027, de acuerdo con las estimaciones del FMI. Esto refleja la persistencia de una demanda interna relativamente débil y de presiones deflacionistas asociadas al sector inmobiliario y a los excesos de capacidad.

El principal punto débil de China vuelve a ser fiscal. El Fiscal Monitor del FMI estima un déficit público de aproximadamente 8,2% del PIB en 2026 y 8,4% en 2027. La deuda pública bruta, por su parte, aumentaría desde el 99,2% del PIB en 2025 hasta el 106,9% en 2026 y el 112,5% en 2027. El FMI advierte de que los elevados déficits primarios, que podrían mantenerse entre el 6% y el 7% del PIB, reducirán progresivamente el espacio fiscal disponible.

Las perspectivas para 2026-2027 muestran tres situaciones claramente diferenciadas. Estados Unidos combina crecimiento elevado con inflación en descenso, pero soporta un déficit y una deuda muy altos. La UEM presenta el problema contrario: crecimiento muy débil y una inflación que todavía supera el objetivo, aunque sus desequilibrios fiscales agregados son sensiblemente menores. China, finalmente, mantiene el mayor crecimiento, pero afronta una desaceleración estructural y una combinación preocupante de baja inflación, elevado déficit y rápido aumento de la deuda.

En definitiva, el bienio 2026-2027 no apunta a una crisis global generalizada, sino a una creciente divergencia entre las principales economías. La prioridad de Estados Unidos será recuperar sostenibilidad fiscal sin frenar el dinamismo de la inversión; Europa deberá conseguir mayor crecimiento potencial sin perder el control de la inflación; y China tendrá que reequilibrar su modelo hacia un mayor protagonismo del consumo privado y reducir sus desequilibrios fiscales y financieros. El comportamiento de estas tres economías será determinante para la trayectoria de la economía mundial durante los próximos años.

Cuadro de las previsiones del FMI

 

EEUU 2026

EEUU 2027

UEM 2026

UEM 2027

China 2026

China 2027

PIB real (%)

2,3

2,2

0,9

1,2

4,6

4,1

Inflación (%)

2,8

2,0

2,9

2,3

1,2

1,5

Déficit público (% PIB)

-7,5

-7,3

-3,5

-3,5

-8,2

-8,4

Deuda pública (% PIB)

125,8

128,7

88,4

88,8

106,9

112,5

             

Las cifras de crecimiento e inflación proceden fundamentalmente de las previsiones del FMI de julio de 2026; las cifras fiscales utilizan el Fiscal Monitor de abril de 2026.

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