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Actualidad económica y bursátil
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SEPTIEMBRE 2026
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- 28/08/2026
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COMENTARIO MENSUAL
Análisis de la Situación Macroeconómica & del Mercado Bursátil
Prof. Juan E. Iranzo
Director de Inteligencia Económica
Amplia experiencia docente e Investigadora en el ámbito de la economía mundial y española, ocupando cargos de responsabilidad en diversas instituciones y en Consejos de Administración de numerosas empresas. Catedrático en Economía Aplicada.
El recuerdo a Alan Greenspan en la primera comparecencia de su actual sucesor, Kevin Warsh, se produjo cinco días antes del fallecimiento del ex presidente de la FED con 100 años. Los dos coincidían, además de en la inteligencia y el prestigio en la experiencia financiera, en sus excelentes contactos en Wall Street, su afición a la ambigüedad, en la defensa del libre mercado y una Bolsa enfebrecida por la tecnología.
Greenspan no daba ruedas de prensa ni guías sobre actuación futura, aunque bajo su mandato la FED pasó a ser mucho más transparente que antes; hasta 1994 el organismo ni siquiera informaba de sus decisiones.
Eso sí, al denominado “Gran Maestro” le gustaba alardear de sus mensajes crípticos y, así, el mercado le otorgó un carácter totémico, puesto que la devoción necesita algo de misterio, con el que él tampoco parecía molesto.
La economía de EE UU, Greenspan y Wall Street formaban un conjunto inseparable, apoyados en la teoría de que los mercados son eficientes y que los precios fijados libremente en estos son el mejor mecanismo de información sobre las escaseces relativas; es decir firmes creyentes en La Economía de Libre Mercado.
Si bien Greenspan, como era lógico, salió al rescate en repetidas ocasiones de unos mercados sumidos en el caos. Empleo toda la artillería en el crash de 1987, decretó un recorte de tipos de emergencia en 1998 e inundó el mercado de liquidez ante el temido efecto 2000. Operaciones que dieron lugar a una expresión: Greenspan put, por la opción de venta, que se usa como protección de una cartera ante una caída de los precios. La Reserva Federal, desde su impenetrable torre de marfil, era la garantía de que las crisis bursátiles se solventarían.
La relación entre la Bolsa y la Fed es la parte más indiscutible y perdurable de su legado, fruto no tanto de una elección como del creciente rol de los mercados financieros en las economías. Desde entonces, la estabilidad financiera ha sido un mandato no escrito de la Reserva Federal: ningún banquero central del mundo admitirá que los niveles de la Bolsa son una parte de su proceso de decisión, pero todos ellos son conscientes de que, si los mercados dejan de funcionar, su trabajo se vuelve inútil.
Warsh tiene ahora que lidiar también con su propia exuberancia irracional: una Bolsa estadounidense que conoce solo el camino de las subidas, en la que los hogares del país tienen depositados buena parte de sus ahorros y de cuya pujanza depende en buena parte la fiebre inversora de la inteligencia artificial. Una industria cuyas inversiones generan en torno al 40% del crecimiento del PIB estadounidense. A través de los tipos de interés, Kevin Warsh es la única persona capaz de mover el mercado a discreción. Ha heredado una Bolsa donde las valoraciones han alcanzado niveles sin apenas precedentes, con una insólita resistencia a las turbulencias. Sus incentivos para pinchar el globo, incluso dejando aparte la sombra de Donald Trump, son escasos. ¿Tendremos un Warsh put?
Durante el mes de agosto han continuado las tensiones con Irán, asunto que no está resuelto definitivamente, lo que ha incidido negativamente en el precio del petróleo, que se ha vuelto a elevar por encima de los 90 dólares el barril. Además, se ha conocido que la deuda pública norteamericana supera los 40 billones de dólares, cuya financiación se verá encarecida por la posible subida de los tipos de interés de la FED, espoleados por la inflación provocada, en gran medida por su política arancelaria y por la actual debilidad del dólar que se ha depreciado a 1,6 respecto al euro.
Este preocupante escenario ha provocado un aumento de la oferta de bonos, que han bajado sus precios elevando las rentabilidades; situándose la del Bono USA a treinta años durante unos días de agosto en el 5,34%, máximo desde el año 2007, estando actualmente alrededor del 5,2%. Esta crisis de la deuda es preocupante para la financiación de la deuda tanto pública como privada y ha obligado al Tesoro Norteamericano a duplicar su política de 2.000 millon ca de recompra de Bonos, con el fin de operar como “cortafuegos”, ha pasado es de dólares por operación a 4.000 millones de dólares. Sin embargo, apenas se ha trasladado a las Bolsas, que han mantenido una importante fortaleza y escasa volatilidad, a pesar de las dudas existentes respecto a la valoración de las empresas tecnológicas americanas. El Ibex ha superado su racord una vez más y se ha mantenido fuere por encima de los 20.000 puntos, cerrando el mes cerca de máximos nuevamente.
La evolución de la guerra de Irán, y consecuentemente del precio del petróleo será determinante para la evolución de los Mercados Financieros Internacionales en los próximos meses, aunque también seguirán con interés el déficit público de EEUU, que en gran medida está siendo espoleado por la financiación de la guerra; si bien los buenos resultados empresariales benefician a las Bolsas.
La escasez de oferta de vivienda nueva frente a una demanda muy superior ha provocado una subida media de los precios del 15,3% durante el primer trimestre, la mayor de los últimos 20 años. A lo largo de todo el año 2025, las caídas trimestrales de los certificados de obra terminada han sido ininterrumpidas y a cierre del ejercicio arrojaban un -12,6%, según datos del Ministerio de Vivienda y Urbanismo.
El último informe anual del Banco de España indica que «la demanda de vivienda crece con fuerza frente a una oferta cuya respuesta es insuficiente e impulsa un alza sostenida de los precios de compra y de alquiler de vivienda. La oferta de vivienda reacciona con lentitud ante el incremento de los precios» y añade que la rigidez de la oferta de vivienda nueva obedece a determinantes estructurales y factores coyunturales, que conjuntamente limitan la producción de viviendas. Entre las restricciones a la oferta de vivienda nueva «destacan la escasez de suelo edificable, la lentitud en la ejecución de viviendas previstas y los problemas en la gestión de la planificación urbanística». El informe del supervisor afirma que la vivienda hoy por hoy en España es un «enorme problema social y económico» y advierte que este problema puede limitar el crecimiento potencial de la economía y en consecuencia, el avance del PIB. Y si hace un año cuantificaba el déficit de viviendas en España en 700.000, ahora lo ha incrementado a 750.000 viviendas.
El Instituto de Estudios Económicos establece que el aumento de población inmigrante ha incrementado la formación de nuevos hogares. Sitúa la demanda potencial de viviendas en unas 230.000 anuales, mientras que la producción de vivienda nueva se mantiene estancada en torno a 80.000. Este déficit acumulado ha desplazado el mercado casi por completo hacia el stock existente, con las compraventas de segunda mano llegando casi a las 700.000 transacciones en 2025 frente a unas residuales 70.000 de obra nueva.
El segundo componente que enturbia el crecimiento español es que el aumento de población inmigrante incide en el mismo. Entre 2002 y 2025, la población residente pasó de 41 a 49,1 millones de personas y cerca del 20% de los residentes en 2025 tiene origen extranjero. «Así, la inmigración no solo amplía la población, sino que refuerza tanto la capacidad productiva como la demanda interna. El incremento de la población explica el 43% del crecimiento del PIB entre 2018 y 2025. La llegada de población extranjera aumenta la tasa de actividad y de empleo. «El consumo final de los hogares, que representa en torno al 54% del PIB, se ha visto impulsado por el aumento de la población nacida en el extranjero, cuya participación, sobre el consumo total, pasó del 9,6%, en 2016, al 16% en 2024», apunta.
Sin embargo. los aumentos de renta per cápita no son suficientes para disminuir la brecha que España mantiene en esta variable con los países de la eurozona. «A más habitantes de un país toca menos PIB per cápita«.
Según los datos de Eurostat, el PIB per cápita de nuestro país se situó en 28.320 euros, lo que limita su incremento respecto a 2024 por debajo del 2%. Como resultado, nuestro país se encuentra más de 23 puntos porcentuales por debajo del promedio de la Unión Monetaria y esa última variable lo supera en un 30%.
La baja productividad de nuestra economía es el factor más negativo de nuestro panorama económico, porque reduce nuestro potencial de crecimiento. Un crecimiento del PIB basado en más gasto público y más deuda de las Administraciones da «como resultado que la productividad por ocupado no mejora, y lo mismo ocurre con el crecimiento potencial.
Asimismo, la productividad por ocupado ya encadena cuatro caídas trimestrales consecutivas, ya que en los tres primeros meses de 2026 descendió un -0,1% respecto al mismo periodo de 2025 según el informe de coyuntura del IEE. Estas caídas la alejan de los niveles alcanzados antes de la pandemia. En concreto, la productividad por ocupado en el primer trimestre es un 3,4% inferior a la de finales de 2019″. Lo mismo sucede con la productividad por hora trabajada, que se ha incrementado con moderación en los últimos años pero que en el primer trimestre desaceleró su crecimiento, hasta el 0,6% interanual.
El PIB crece, pero debido al aumento de la población un aumento que da lugar a que se cree más empleo. Sin embargo, no se crece en producir más valor añadido por hora de trabajo. La actividad se presenta entonces débil y poco competitiva. Además, los altos niveles de absentismo laboral, que superan de media el 7,3%, inciden muy negativamente en la productividad del factor trabajo.
Asimismo, la otra gran debilidad de la economía española es la elevada inflación que oficialmente se ha situado el 3,7% en julio y que provisionalmente en agosto ha alcanzado el 4,3%, el peor dato desde febrero del 2023, espoleada sobre todo por la elevación del precio del petróleo y de la energía en general,por la errónea supresión de las ventajas fiscales que se aplicaron al comenzar la guerra de Irán.
Para aliviar algunas tensiones en el sector, es positivo que se alargue la vida operativa de la Central Nuclear de Almaraz, que debe ir acompañada de una reducción de la inadecuada fiscalidad que soporta. Asimismo, el periodo de vida operativa debe prolongarse a 60 años y hacerse extensiva a todas las demás centrales nucleares actualmente en funcionamiento en España.
Lógicamente el elevado IPC, también penaliza al sector de la vivienda, por el impacto negativo que tiene sobre los costes de construcción y sobre su financiación.