Tablero ArmanexT
Actualidad económica y bursátil
ÍNDICE ARMANEXT
NUEVAS INCORPORACIONES MARZO 2026
ÚLTIMAS INCORPORACIONES A LOS MERCADOS
Pelagic Credit
- 09/03/2026
- Chipre | Euronext Growth Oslo
- Sector: Finanzas / Arrendamiento Naval
- Ficha de mercado
Bimmart Investment SOCIMI
- 10/03/2026
- España | Euronext Access París
- Sector: Inmobiliario - SOCIMI Residencial
- Ficha de mercado
Capital Tankers Corp.
- 17/03/2026
- Islas Marshall / Grecia | Euronext Growth Oslo
- Sector: Transporte Marítimo - Tankers Crudo
- Ficha de mercado
Jacktel AS
- 25/03/2026
- Noruega | Euronext Growth Oslo
- Sector: Offshore / Acomodación Marina
- Ficha de mercado
Halo Minerals PLC
- 30/03/2026
- Reino Unido | LSE AIM Londres
- Sector: Minería - Minerales Críticos (Cobre)
- Ficha de mercado
IEVA Group
- 31/03/2026
- Francia | Euronext Growth París
- Sector: Belleza & Wellness / Tech
- Ficha de mercado
Mediterranean REIT SOCIMI
- 31/03/2026
- España | Euronext Access París
- Sector: Inmobiliario - SOCIMI / REIT Diversificado
- Ficha de mercado
Gabler Group AG
- 09/03/2026
- Alemania | Deutsche Börse Scale Fráncfort
- Sector: Tecnología Submarina / Defensa
- Ficha de mercado
COMENTARIO MENSUAL
Análisis de la Situación Macroeconómica & del Mercado Bursátil
Prof. Juan E. Iranzo
Director de Inteligencia Económica
Amplia experiencia docente e Investigadora en el ámbito de la economía mundial y española, ocupando cargos de responsabilidad en diversas instituciones y en Consejos de Administración de numerosas empresas. Catedrático en Economía Aplicada.
La fuerte dependencia europea del petróleo y del gas natural nos hace especialmente vulnerables a las subidas de los precios de los hidrocarburos, es decir, muy expuestos a un shock de oferta negativo, como ya se puso de manifiesto en los primeros días de la guerra de Irán, incluso después de que los países del G7 decidieran recurrir a sus reservas estratégicas.
El Banco de Francia ha estimado que, por cada subida sostenida de 10 dólares en el precio del barril de crudo, el efecto inflacionista inevitable es de cuatro décimas, pudiendo ser superior si se produce una espiral de precios y salarios, el denominado “efecto de segunda ronda”.
Al finalizar el pasado mes de febrero, el IPC de la zona euro se situaba en el 1,7%, por debajo del objetivo de estabilidad de precios fijado por el Banco Central Europeo en el 2%, lo que hacía prever una bajada de tipos respecto al 2% vigente en ese momento.
Sin embargo, la situación ha cambiado radicalmente tras el inicio de la guerra de Irán. El IPC de la zona euro se elevó al 2,5% ya en marzo, por lo que, según las estimaciones de los mercados financieros, podrían producirse subidas de los tipos de intervención de 25 puntos básicos en junio y otra adicional a finales de año si el conflicto se prolonga. En ese escenario, la inflación podría alcanzar el 6%, según el BCE y el Banco de España.
De materializarse esta subida, sería la primera del BCE en tres años y supondría un cambio relevante en la política monetaria actual. Además, implicaría una respuesta más rápida frente al repunte inflacionista, a diferencia de lo ocurrido en 2022.
Los miembros del Consejo del BCE mantienen posiciones divergentes. La representante alemana, Isabel Schnabel, considera que no deben modificarse los tipos pese a la incertidumbre a corto plazo. Esta postura cuenta con el apoyo mayoritario del Consejo de Gobierno, por lo que será necesario esperar a la evolución de la inflación tras el verano. También debe tenerse en cuenta la debilidad del crecimiento en la mayoría de los países de la UEM, que podría verse perjudicado por una subida de tipos. No obstante, el BCE ha advertido que, si la guerra se prolonga, el IPC podría situarse en torno al 6%, optando por mantener por ahora los tipos de intervención.
El riesgo de inflación en EE. UU. es mayor, ya que a esta situación se suman los efectos de los aranceles. Por ello, no parece probable que la FED reduzca sus tipos en el corto plazo; de hecho, los ha mantenido en su reunión de marzo.
Esta realidad ha penalizado con intensidad al mercado de bonos, donde el aumento de la oferta frente a la demanda ha provocado una caída de precios y un incremento de las rentabilidades, dejando de actuar, en esta ocasión, como activo refugio frente a la renta variable.
Las bolsas mundiales han mostrado un comportamiento más resiliente, registrando caídas relevantes que, sin embargo, no han alcanzado el umbral habitual del 10% en el corto plazo ante este tipo de shocks de oferta negativos. Durante el conflicto han mostrado elevada volatilidad, con reacciones positivas ante posibles cambios de escenario. No obstante, desde el ataque del 18 de marzo por parte de Israel a una gran planta gasista en Irán, el pesimismo se intensificó notablemente, con fuertes caídas tanto en las principales bolsas como en los precios de los bonos, cuyas rentabilidades aumentaron de forma significativa. En cualquier caso, los mercados siguen descontando un conflicto que no se prolongue más allá de otro mes, tras estas primeras cinco semanas.
La incertidumbre no ha incrementado la demanda de activos refugio tradicionales como el oro y la plata, que han registrado elevada volatilidad y caídas inesperadas, situándose el oro por debajo de los 4.700 dólares por onza, probablemente debido a la escasa demanda por parte de los bancos centrales. En este contexto, el dólar se ha consolidado como principal activo refugio, apreciándose significativamente frente al euro hasta niveles de 1,15.
Se observa una estrecha relación entre las subidas del precio del petróleo y las caídas de las bolsas. No obstante, estas continúan reflejando que, si el conflicto no se prolonga, los beneficios empresariales no sufrirán un deterioro significativo.
El principal riesgo radica en que el estrecho de Ormuz —por el que transita aproximadamente el 20% del petróleo mundial, además de gas y otras materias primas— permanezca cerrado durante un periodo prolongado y el conflicto se alargue. Esto provocaría una elevada inflación y una fuerte subida de tipos, con un impacto muy negativo sobre los mercados financieros.
Los acontecimientos que se produzcan durante este mes de abril pueden resultar decisivos para la economía mundial a medio y largo plazo.
El mes de febrero cerró con el inicio del ataque conjunto de Estados Unidos e Israel a Irán, con el objetivo de impedir el desarrollo de armas nucleares. Este hecho ha provocado de forma inmediata una serie de efectos económicos muy negativos, especialmente en los mercados de hidrocarburos.
En efecto, el precio del petróleo se elevó de inmediato un 9%, hasta los 79 dólares por barril de Brent, mientras que el gas natural se incrementó más de un 40%, superando los 50 euros por MWh. Asimismo, las bolsas mundiales registraron caídas superiores al 2% y los mercados de bonos vieron aumentar sus rentabilidades en torno al 2%. También se intensificó la preferencia por el dólar, con la consiguiente apreciación de esta moneda.
Los efectos económicos de mayor calado, como el aumento de la inflación y la desaceleración del crecimiento, dependerán fundamentalmente de la intensidad del conflicto, de los países afectados y de su duración. Desde el punto de vista estratégico, el cierre del estrecho de Ormuz —por el que transita el 20% del petróleo mundial, además de gas natural y otras materias primas— ha tensionado los mercados y encarecido tanto los seguros como los fletes.
Tal y como se preveía, el IPC de marzo en España se ha incrementado casi un punto, hasta situarse en el 3,3% provisional, como consecuencia de la subida de los precios de los carburantes y del retraso en la aprobación de la reducción al tipo del 10% del IVA para hidrocarburos y electricidad, así como de la eliminación transitoria de los impuestos sobre hidrocarburos. Por su parte, la inflación subyacente se ha elevado al 2,7%, lo que evidencia la extensión de las presiones inflacionistas al conjunto de la economía.
Resulta además preocupante la destrucción de infraestructuras de petróleo, gas y desalación, así como el cierre de pozos por la imposibilidad de extraer la producción, cuya reactivación requeriría un tiempo considerable. El ataque de Israel a una gran planta gasística en Irán elevó exponencialmente la tensión en la región y los precios del petróleo superaron los 115 dólares por barril de Brent.
En un primer momento, los mercados financieros anticipan un conflicto de duración limitada, sin intervención terrestre de Estados Unidos. No obstante, este fue también el escenario inicialmente previsto en la guerra de Ucrania, que ya se prolonga durante cuatro años, aunque los mercados han terminado por descontarla.
Resulta preocupante el papel de España en el conflicto, al impedir el uso de bases norteamericanas en su territorio y alinearse con Irán, por los posibles efectos negativos tanto desde el punto de vista diplomático como económico.
Además, esta situación bélica se suma al riesgo adicional derivado de la fragmentación del comercio global. El FMI advierte que, si los aranceles establecidos hace aproximadamente un año se traducen en mayores niveles de restricción e interrupciones en las cadenas de suministro, el crecimiento mundial podría reducirse adicionalmente en 0,3 puntos porcentuales en 2026.
La economía de la zona euro mantiene ritmos de crecimiento bajos y se encuentra especialmente expuesta al shock de oferta negativo derivado de la fuerte subida del precio de los hidrocarburos como consecuencia de la guerra de Irán, dado su elevado grado de dependencia tanto del petróleo como del gas natural. En función de la duración del conflicto, tanto el crecimiento como la inflación se verán más o menos afectados negativamente respecto a unas previsiones previas ya de por sí moderadas.
Antes del conflicto, se estimaba un crecimiento intertrimestral del 0,3% a lo largo de 2026, lo que situaría el crecimiento anual del PIB en el 1,3%, tras el 1,5% registrado en 2025. Asimismo, se preveía una inflación del 2% para el conjunto del año, antes del repunte en los precios de los hidrocarburos.
Este objetivo solo sería alcanzable si Alemania impulsa su crecimiento por encima del 1% anual mediante la implementación de su ambicioso programa de inversión pública, tanto en infraestructuras como en defensa.
Por su parte, Francia e Italia podrían registrar crecimientos en torno al 1% y al 0,8%, respectivamente, lo que limita su capacidad de impulso sobre la economía de la UEM.
En un escenario de precios elevados de los hidrocarburos derivado de un conflicto prolongado, el crecimiento podría reducirse en aproximadamente cuatro décimas y la inflación superar el 6%, según el BCE.
Ante la evidencia del shock negativo provocado por el encarecimiento de los hidrocarburos, se ha reconocido la necesidad de impulsar la energía nuclear y de evitar repetir errores pasados, como el cierre de centrales de fisión en Alemania y el previsto en España.
Si la guerra se prolonga en el tiempo, aunque su impacto económico será asimétrico entre países, en términos generales provocará un menor crecimiento y una inflación significativamente más elevada, generando el riesgo de un proceso de “estanflación”, considerado el escenario económico más adverso, ya que las políticas económicas disponibles producen efectos contrapuestos sobre el crecimiento y la inflación.
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