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Actualidad económica y bursátil
ÍNDICE ARMANEXT
NUEVAS INCORPORACIONES MAYO 2026
ÚLTIMAS INCORPORACIONES A LOS MERCADOS
PREATONI Group ALPG
- 11/05/2026
- Euronext París
- Sector: Inmobiliario
- Ficha de mercado
EDX Medical Group Plc
- 13/05/2026
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- Sector: Sanidad
- Ficha de mercado
Andino Inversiones Global
- 20/05/2026
- Euronext Madrid
- Sector: Logística y transporte
- Ficha de mercado
COMENTARIO MENSUAL
Análisis de la Situación Macroeconómica & del Mercado Bursátil
Prof. Juan E. Iranzo
Director de Inteligencia Económica
Amplia experiencia docente e Investigadora en el ámbito de la economía mundial y española, ocupando cargos de responsabilidad en diversas instituciones y en Consejos de Administración de numerosas empresas. Catedrático en Economía Aplicada.
El informe Nubes de tormenta: Los mercados de deuda están al borde del abismo, elaborado por la patronal bancaria mundial, estima que la deuda global aumentó durante el primer trimestre de 2026 en más de 4,4 billones de dólares, hasta alcanzar los 353 billones de dólares, un nuevo máximo histórico en términos absolutos. De esta cifra, 108,5 billones de dólares (el 30,7%) corresponden a los Estados, mientras que las familias siguen siendo el sector menos endeudado, con 64,9 billones de dólares (el 18,4% del total). En términos relativos, el endeudamiento mundial representa ya el 305% del PIB global, ligeramente por encima del trimestre anterior, aunque todavía lejos del máximo histórico alcanzado durante la pandemia, cuando llegó a situarse en el 340% del producto interior bruto mundial.
El análisis del Instituto de Finanzas Internacionales pone de manifiesto una aceleración del endeudamiento no vista desde el segundo trimestre de 2025. La causa principal radica en el comportamiento de las dos mayores economías del mundo, China y Estados Unidos, que han emitido grandes cantidades de deuda para financiar sus cuantiosas inversiones en inteligencia artificial y gasto militar.
China, incluyendo la deuda pública de todos sus subsectores, ha alcanzado un endeudamiento equivalente al 340,9% de su PIB, mientras que Estados Unidos acumula un 332,5%. En ambos casos, salvo en el sector no financiero chino, es el Estado quien más se ha endeudado.
Por otro lado, la deuda en los mercados desarrollados disminuyó ligeramente, mientras que la deuda total en los mercados emergentes, excluyendo a China, aumentó de forma moderada hasta alcanzar un récord de 36,8 billones de dólares, siendo los gobiernos los principales responsables de este incremento. Los mayores aumentos durante este periodo se registraron en Noruega, Kuwait, China, Baréin y Arabia Saudí, todos ellos con incrementos superiores a los 30 puntos porcentuales del PIB. Destacan especialmente los países del Golfo Pérsico, ahora inmersos en el conflicto con Irán, lo que les está obligando a incrementar su endeudamiento para financiar el aumento del gasto militar.
El estudio concluye que los riesgos derivados de este fuerte endeudamiento son reales, especialmente porque responden a factores estructurales más que coyunturales. Entre ellos destacan el envejecimiento de la población, el incremento del gasto en defensa, las necesidades de seguridad y diversificación energética, la ciberseguridad y las inversiones vinculadas a la inteligencia artificial. Todos estos factores, según el informe, elevarán los niveles de deuda pública y corporativa a medio y largo plazo.
Otro factor relevante es la guerra en Oriente Medio, que añade tensión al escenario económico y obligará a los Estados a incrementar sus gastos en seguridad y defensa. Además, el aumento de la inflación afectará a las políticas fiscales, ya que los gobiernos se verán obligados a mitigar el encarecimiento de la energía y los alimentos mediante ayudas presupuestarias. En definitiva, mayores déficits que impulsarán al alza el endeudamiento público, especialmente en los países emergentes, cuyo margen fiscal es significativamente menor que el de las economías avanzadas.
La nota positiva es que el apetito por el riesgo de los inversores se mantiene firme pese a la incertidumbre geopolítica. De hecho, a pesar del aumento de la volatilidad, el impacto del conflicto en Oriente Medio sobre los mercados, más allá del sector energético, ha sido hasta ahora limitado y de corta duración. Los efectos contagio sobre las bolsas y los mercados de crédito se han mantenido contenidos, aunque han sido más visibles en la renta fija. El sentimiento inversor también ha mostrado una notable resiliencia, recuperándose con relativa rapidez en comparación con episodios anteriores de estrés, como la crisis arancelaria del año pasado o la guerra entre Rusia y Ucrania.
No obstante, los banqueros privados advierten de que los conflictos actuales forman parte de una tendencia más amplia de intensificación de las tensiones geopolíticas que, en ocasiones, desembocan en guerras. Con el tiempo, sostienen, las implicaciones de largo plazo se harán más evidentes, impulsando a gobiernos y empresas a reforzar la resiliencia de sus cadenas de suministro y a establecer nuevas alianzas y rutas comerciales.
Entre las señales más significativas destaca la diversificación monetaria más allá del dólar. La demanda internacional de bonos gubernamentales europeos y japoneses se ha fortalecido, mientras que la demanda de deuda pública estadounidense se ha mostrado menos estable. Las proyecciones de la Oficina Presupuestaria del Congreso de Estados Unidos apuntan a que la relación deuda/PIB continuará aumentando debido al deterioro de la situación fiscal a largo plazo. Por el contrario, los analistas del IIF prevén que Europa y Japón mantengan una evolución más moderada de sus ratios de deuda, incluso en un contexto de expansión fiscal continuada. Sin embargo, todas las grandes economías deberán afrontar un incremento de los costes financieros asociados al pago de intereses, siendo Japón el país donde este aumento será más acusado.
La proporción de emisiones denominadas en dólares por parte de prestatarios no estadounidenses se ha mantenido relativamente estable en torno al 12% del total global durante los últimos años. Por el contrario, las emisiones denominadas en euros realizadas por prestatarios fuera de la zona euro han continuado creciendo gradualmente y ya se aproximan al 6% del total en los primeros cuatro meses de 2026, lo que apunta a una mayor demanda relativa de activos denominados en euros frente a los denominados en dólares.
En cualquier caso, el estudio concluye que, pese al aumento de la deuda pública estadounidense y a la moderación de la demanda internacional, el mercado de bonos del Tesoro de Estados Unidos no muestra señales de una crisis de liquidez inminente y continúa atrayendo flujos de inversión procedentes de inversores nacionales, incluidos bancos y fondos de cobertura.
Si bien la guerra con Irán está afectando especialmente a los mercados de deuda, el bono estadounidense a 30 años ha superado ampliamente la barrera psicológica del 5%, un nivel que solo encuentra precedentes comparables en episodios como la crisis subprime de 2007. Sin embargo, las bolsas, pese a registrar elevados niveles de volatilidad, están resistiendo mucho mejor por el momento. No obstante, la tendencia alcista de los tipos de interés, tanto por parte del BCE como de la Reserva Federal, podría penalizar su comportamiento a medio plazo.
El mes de mayo concluye para los mercados prácticamente como comenzó: con un dólar fuerte y elevados niveles de volatilidad, provocados principalmente por las noticias relacionadas con la duración de la guerra con Irán y la evolución del precio del petróleo. No obstante, durante este mes los mercados de deuda han sufrido menos tensiones que en el periodo anterior y las bolsas han reaccionado con firmeza ante las noticias positivas. Incluso el IBEX 35 llegó a aproximarse a zonas de máximos.
La economía española continúa inmersa en un ciclo expansivo apoyado, principalmente, en el fuerte crecimiento de la población y en el elevado gasto público, aunque comienzan a apreciarse señales de desaceleración. El PIB del primer trimestre aumentó un 0,6% en términos intertrimestrales y, aunque apenas acusó el impacto del conflicto en Oriente Medio, sí mostró una cierta pérdida de dinamismo. Para el conjunto de 2026, Funcas estima un crecimiento del 2,2%, dos décimas menos que en su previsión anterior, según su informe de perspectivas económicas para España 2026-2027.
Esta revisión a la baja se explica por la pérdida de fortaleza de la demanda interna, cuya aportación al PIB se situará en 2,6 puntos porcentuales. El consumo privado mostrará un comportamiento menos vigoroso debido a la pérdida de poder adquisitivo provocada por la inflación.
La inversión también tenderá a desacelerarse por la incertidumbre derivada del conflicto y por las disrupciones en las cadenas de suministro provocadas por las restricciones al tráfico marítimo en el Golfo Pérsico.
Por su parte, el sector exterior podría restar cuatro décimas al crecimiento. Este ajuste se explica, en parte, por el desvío del turismo hacia destinos considerados más seguros, entre ellos España. No obstante, el encarecimiento del transporte aéreo y la cancelación de vuelos podrían limitar los desplazamientos de larga distancia, al tiempo que se observa una moderación del gasto medio por visitante. Las importaciones seguirán creciendo a un ritmo elevado, especialmente las procedentes de China.
La evolución de la economía durante el resto del año dependerá, en gran medida, de la duración y resolución del conflicto con Irán. En los próximos trimestres cabe esperar un menor crecimiento económico, parcialmente compensado por las buenas perspectivas del sector turístico, aunque acompañado de un notable aumento de la inflación.
En 2027, la economía española seguirá creciendo por encima de la media europea, con un avance estimado del PIB del 1,8%, sin cambios respecto a las previsiones anteriores. La demanda interna mantendrá su impulso gracias al crecimiento poblacional, la actividad constructora y el remanente de los fondos europeos. Por el contrario, la demanda externa volverá a restar actividad en un contexto internacional complejo que seguirá lastrando la evolución económica de la Unión Europea, principal mercado de exportación de España.
Las previsiones de Funcas parten de un escenario de precios energéticos alineado con las cotizaciones medias reflejadas en los mercados de futuros durante el último mes: 80 dólares por barril de Brent a final de año y 45 euros por MWh en el mercado Mibgas. No se espera, al menos a corto plazo, que los precios de los hidrocarburos regresen a los niveles previos al conflicto, situados en torno a los 70 dólares por barril y los 30 euros por MWh, respectivamente.
Como consecuencia del repunte inflacionario, se prevén al menos dos subidas de tipos de interés por parte del BCE durante el presente ejercicio, lo que elevaría la facilidad de depósito desde el 2% actual hasta el 2,5% en septiembre. A partir de ese momento, los tipos permanecerían estables. La política fiscal, por su parte, refleja las medidas adoptadas para mitigar el impacto económico de la guerra con Irán, que han permitido moderar el IPC de abril y mayo hasta el 3,2%. Sin embargo, la reducción temporal de determinados gravámenes energéticos está prevista que se revierta durante el otoño.
La incertidumbre continúa siendo la nota dominante en un contexto internacional marcado por las tensiones geopolíticas y la transición desde un sistema multilateral basado en reglas hacia otro más condicionado por las asimetrías de poder. En este escenario, el principal riesgo sigue procediendo de la situación en el Golfo Pérsico. Si el precio del petróleo se mantuviera en torno a los 115 dólares por barril durante el conjunto del año, la tasa media de inflación alcanzaría el 4%, siete décimas por encima del escenario central, mientras que el crecimiento del PIB se ralentizaría hasta el 1,8%, cuatro décimas menos de lo previsto actualmente.
Bajo este escenario alternativo, la economía española apenas crecería durante la segunda mitad del año y la economía europea se aproximaría peligrosamente a la recesión.
La inflación, primer indicador macroeconómico en reflejar el impacto del shock energético, seguirá condicionada incluso bajo la hipótesis de un conflicto limitado gracias al alto el fuego y a una reapertura progresiva del estrecho de Ormuz antes del verano. Este escenario es compatible con una inflación situada en el entorno del 3,5%, lo que supondría una media anual del 3,3%.
Asimismo, el paquete de medidas destinado a reducir el impacto económico del conflicto en Oriente Medio ralentizará el proceso de corrección de los desequilibrios presupuestarios. Como consecuencia, el déficit público aumentará dos décimas en 2026, hasta situarse en el 2,6% del PIB.
En definitiva, el crecimiento de la economía española dependerá fundamentalmente de la evolución del turismo, del comportamiento del precio del petróleo y de la estabilidad política internacional. En este contexto, la duración de la guerra con Irán será un factor determinante para la evolución económica de los próximos meses.
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